10 julio 2005

 

Hospital da Condesa - Samos (25,89 kms.)

Vuelvo a trepar el cerro de nuevo. Quiero encontrarme contigo. Y lo hago acariciada por un sol de domingo. A mis pies, aún fríos desde esta mañana, se extiende una inmesidad de campos amarillos y verdes, llenos de espigas recién segadas y de vides con uvas que crecen bajo este sol de julio. Este mismo sol que también acaricia tus hombros, tus manos, tu pelo... Tengo que intentar revivir ese momento en el que apenas tenía el hilo de tu voz en mi oído, porque hoy, mientras escribo sentada delante de esta pantalla, sólo tengo una pequeña soledad de lunes. Y dirás, ¿dónde ha ido la princesa de la boca de fresa que me escribía esos post alegres y sarcásticos? Bueno, te responde la princesa, he cenado, he visto un capítulo de Friends en el que Mónica se reencontraba con su antiguo novio Richard, y me he sorprendido llorando mientras abrazaba tus postales después de volverlas a releer... Mmmmmm, ¿de qué postales estás hablando? (Mierda, esto de escribir en el hilo del tiempo irreal, pero no mantener el hilo del tiempo real va a llevar al traste con el orden desordenado de este blog).
Te quiero. Te quiero. Te quiero. Ahora mismo daría todo el dinero y el tiempo del mundo para volar a tu lado y abrazarte muchísimo, aunque sólo fuera por una milésima de segundo. Volvería volando a casa de nuevo, pero tendría tu olor, el sabor de tu piel en la mía, la tibieza y la seguridad de tus brazos en los míos, y podría dormir y esperar más tranquila tu regreso el próximo domingo.
Y creo que voy a dejar de escribir, porque tengo el teclado inundado y no quiero provocar un cortocircuito en este chamizo de madera que tengo por casa.
Hasta mañana, gatito.

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