09 julio 2005

 

Pereje - O Cebreiro - Hospital da Condesa (30,04 kms.)

La cosa fue así. Podíamos irnos a dar una vuelta, ¿no? Más que nada porque parecemos setas aquí metidos todos en casa. Pues sí, dijeron Pepo, María y Richar. Vamos a ver el pueblo, venga. Y nos fuimos a ver el pueblo.
La cosa es que un pueblo que en verano tiene 29 habitantes, y en invierno 2, se acaba de ver más pronto de lo que uno piensa. Ésta es la casa que hemos alquilado, ésta es la fuente, ésta es la iglesia, éste es el cerro... ¿El cerro? ¿Qué cerro? Joder, pues el cerro que hay detrás del pueblo, que es que ya nos hemos salido al campo... La virgen, qué pequeño es Roturas. Bueno, pues como ya no tenemos más pueblo que ver, vamos a ver que se ve desde aquel cerro que se ve en la distancia. Que igual se ve el pueblo. O igual no.Y allá que nos fuimos.
La cosa es que a veces los caminos se acaban (y si no, que te lo cuenten a ti, gato). Y aquel camino no llegaba justo hasta el cerro al que nosotros queríamos llegar. Richar y Pepo decían que si seguíamos el camino, seguro que encontrábamos una playa nudista llena de tías en pelotas, pero a María y a mí, en plena meseta vallisoletana, aquello nos parecía un tanto iluso. Así que nosotras nos desvíamos para ver el cerro atravesando un sembrado recién segado, amarillo como el sol, y al final los borregos de los otros pensaron que lo de la playa nudista no iba a ser tan fácil de encontrar.
La cosa es que llegamos a donde queríamos llegar, y a Pepo no se le ocurre otra cosa que gritarles a unos señores que salían del minicementerio roturiano (4 tumbas y espacio libre para 4 más) aquello de ¡¡¡ CABRONES !!! con su habitual voz aflautada de soprano. Los señores miran hacia el cerro, nos saludan alegremente, nosotros respondemos a su saludo, y acto seguido vemos que justo detrás de nosotros, acaba de llegar a nuestro lado el señor que nos ha alquilado la casa. María no encuentra ninguna piedra bajo la que meterse, y Pepo, Richar y yo nos descojonamos de todo, para variar. Que digo yo que con lo grande que es el campo, ya podíamos haber tenido algo más de suerte y no tropezarnos con él justo en éste preciso momento. Este pobre señor va a empezar a dudar de la "seriedad" de esos madrileños a los que ha alquilado su casa durante el fin de semana... (y sigue, por supuesto, en el domingo).

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