05 julio 2005
Villar de Mazarife - Astorga (29,60 kms.)
Hoy los posos de los cereales han sido una puta mierda. No sé por qué razón, pero es que no había apenas. Creo que no vuelvo a gastarme el dineral en los Ol Bran esos de Kellog, que cuestan un huevo, y pienso fabricarme unos a medida: la marca blanca del Carrefour, que es la más barata, y luego pienso rayarle un montón de chocolate negro, a los cereales y la leche, de esa tabletota que mi madre trajo de Zaragoza cuando yo aún estaba a dieta; que mi madre tiene también unas ideas de peón caminero, regalarme 1 kilo, joder, 1 puto kilo de chocolate negro cuando YO aún tenía que perder 8 kilos más. Lo que no sé es cómo no le metí mano antes, con lo enganchada que estoy al chocolate, cosa que francamente apenas se nota cuando uno lee este blog, al menos en estos dos últimos posts.
Luego está el tema de la leche, que acabo de darme cuenta que no he comprado más, que igual mañana no tengo suficiente para desayunar, y luego está el tema de la comida de mañana, que iba a ser en el japonés, pero ahora resulta que Richar no puede mañana, que me acaba de llamar Marta, porque Pepo le dijo el lunes que era el jueves, y hoy María se ha dado cuenta que ella el jueves tenía médico, y que igual no iba a llegar al restaurante, y que por qué no la hacíamos el miércoles. Y como yo no me he comunicado con Richar, no sabía que él había cambiado una comida con un cliente del jueves al miércoles para poder ir a la comida que no sabemos aún cuándo coño será. El caso es que como yo mañana me iba al japo, pues no he cocinado de más esta noche, con lo cual mañana no tendré comida, y si no nos vamos fuera, ya tendré que darme una excursión al super, y estoy ya un poquito hasta los cojones de improvisar una comida en el super, que ya sé qué será: una ensalada, aunque me salga el verde por las putas orejas, y un yogur.
El momento transporte al GH también ha tenido hoy su gran festival. Digo yo que es el GH que tenemos más formas de movernos hasta Valladolid, y resulta que está siendo la cosa más caótica del mundo. Unos que quieren un horario, otros que quieren buscar plazas de parking donde no existen, otros que no saben el horario que tendrán, ni si vendrán, ni si volverán, ni quieren comprar un zumo, ni piensan comprar una puta cerveza vajka que luego no le gusta a los centralistas opresores, no se sabe si habrá vodka Boris Esmirnoff Yeltsin o ron Fulanito de la Habana, y francamente, a mí ya me está hartando todo. Me está hartando de una manera tan heavy, que creo que me voy a ir yo sola al GH, y voy a espatarrarme en medio del salón, y no pienso decirle a nadie dónde coño está la casa. O eso, o al final me voy en mi Twinis, con mi música, sola como la una, haciendo kilómetros cantando a voz en grito a Serrat, que relaja un montón que te cagas. Eso sí, sudando como un pollo (casi escribo como una polla, lo que hace la mala hostia contenida de estas horas) porque el Twinis tiene de todo menos aire acondicionado. Y que digo yo que ya lo sabes. Lo del aire acondicionado, vaya. Y quizás el resto.
Otro momento culminante del día ha sido cuando un picapleitos listillo ha venido a contarme que no me cabreara tanto, que pronto llegaba la jornada intensiva. Casi le sacudo con el primer expediente que se me hubiera puesto a tiro (bueno, le hubiera tirado un plato, porque el colega me lo ha dicho en la cocina, mientras comíamos). La jornada intensiva, la jornada intensiva. Me cago en la jornada intensiva que APENAS voy a disfrutar. Y además, queda un huevo aún hasta el 8 de agosto, coño. Queda un cojón de tiempo.
Vale, voy a respirar dos veces, porque este resumen del día me está quedando de lo más crispado. Para combatir la crispación, le he pegado un tiento a la tarjeta que aún está temblando. 2 pares de sandalias (una de ellas, para más inri, Camper) y un bolso. Eso sí, mañana las Camper las devuelvo que no me han convencido nada. La cosa ha sido que he batido el récord de cambio de opinión en lo que llevo de día unas cuantas veces, pero vamos a esta Imelda Marcos en la que me he convertido últimamente tampoco le espantan estas cosas.
Mirando el calendario me doy cuenta que entro en la semana premenstrual y empiezo a entender todo este post. Lo peor es que no me relaja nada de nada haberme dado cuenta de ello. Porque acabo de darme cuenta también que se oyen perfectamente los putos ruidos de las máquinas que están haciendo el túnel de la M-30 que va a dar al traste con la casa de mi hermana en pocas semanas. Seguiré intentando convencerla de que la realización de una Fiesta Destroyer sería todo un reclamo para un montón de amigos crispados. O para mí misma en un día como hoy, vamos. "Aquí tiene usted una maceta y un cortafríos, y puede usted derribar el muro que quiera mientras se toma este delicioso cubata". A mí me parece una idea genial, pero a ella no, está la pobre muy sensibilizada con la cosa de perder su casa. Igual si cambio la maceta y el cortafríos por un spray para hacer graffitis en los muros, consigo convencerla. Pero lo veo difícil. Joder, con lo que debe relajar darle una buena hostia a un muro y tirarlo abajo. Como lo de romper cristales. ¿No conoces a nadie que disfrute tirando los cristales al contenedor de vidrio? Porque yo los tiro con saña contenida, para que se revienten bien y se hagan mil pedazos. De siempre me hubiera gustado tener una buena discusión, de esas de tirar platos y vasos y tazas contra la pared (claro que gracias a no haberla tenido, disfruto de platos y vasos y tazas ahora)...
Bueno, que me voy a la cama, que creo que no se me ocurre ninguna payasada atacada más por hoy, que creo que ya he tenido bastante. Como ves, una gozada de martes.
PD. Pero no me olvido de decirte que te quiero, gato, no me olvido.
Luego está el tema de la leche, que acabo de darme cuenta que no he comprado más, que igual mañana no tengo suficiente para desayunar, y luego está el tema de la comida de mañana, que iba a ser en el japonés, pero ahora resulta que Richar no puede mañana, que me acaba de llamar Marta, porque Pepo le dijo el lunes que era el jueves, y hoy María se ha dado cuenta que ella el jueves tenía médico, y que igual no iba a llegar al restaurante, y que por qué no la hacíamos el miércoles. Y como yo no me he comunicado con Richar, no sabía que él había cambiado una comida con un cliente del jueves al miércoles para poder ir a la comida que no sabemos aún cuándo coño será. El caso es que como yo mañana me iba al japo, pues no he cocinado de más esta noche, con lo cual mañana no tendré comida, y si no nos vamos fuera, ya tendré que darme una excursión al super, y estoy ya un poquito hasta los cojones de improvisar una comida en el super, que ya sé qué será: una ensalada, aunque me salga el verde por las putas orejas, y un yogur.
El momento transporte al GH también ha tenido hoy su gran festival. Digo yo que es el GH que tenemos más formas de movernos hasta Valladolid, y resulta que está siendo la cosa más caótica del mundo. Unos que quieren un horario, otros que quieren buscar plazas de parking donde no existen, otros que no saben el horario que tendrán, ni si vendrán, ni si volverán, ni quieren comprar un zumo, ni piensan comprar una puta cerveza vajka que luego no le gusta a los centralistas opresores, no se sabe si habrá vodka Boris Esmirnoff Yeltsin o ron Fulanito de la Habana, y francamente, a mí ya me está hartando todo. Me está hartando de una manera tan heavy, que creo que me voy a ir yo sola al GH, y voy a espatarrarme en medio del salón, y no pienso decirle a nadie dónde coño está la casa. O eso, o al final me voy en mi Twinis, con mi música, sola como la una, haciendo kilómetros cantando a voz en grito a Serrat, que relaja un montón que te cagas. Eso sí, sudando como un pollo (casi escribo como una polla, lo que hace la mala hostia contenida de estas horas) porque el Twinis tiene de todo menos aire acondicionado. Y que digo yo que ya lo sabes. Lo del aire acondicionado, vaya. Y quizás el resto.
Otro momento culminante del día ha sido cuando un picapleitos listillo ha venido a contarme que no me cabreara tanto, que pronto llegaba la jornada intensiva. Casi le sacudo con el primer expediente que se me hubiera puesto a tiro (bueno, le hubiera tirado un plato, porque el colega me lo ha dicho en la cocina, mientras comíamos). La jornada intensiva, la jornada intensiva. Me cago en la jornada intensiva que APENAS voy a disfrutar. Y además, queda un huevo aún hasta el 8 de agosto, coño. Queda un cojón de tiempo.
Vale, voy a respirar dos veces, porque este resumen del día me está quedando de lo más crispado. Para combatir la crispación, le he pegado un tiento a la tarjeta que aún está temblando. 2 pares de sandalias (una de ellas, para más inri, Camper) y un bolso. Eso sí, mañana las Camper las devuelvo que no me han convencido nada. La cosa ha sido que he batido el récord de cambio de opinión en lo que llevo de día unas cuantas veces, pero vamos a esta Imelda Marcos en la que me he convertido últimamente tampoco le espantan estas cosas.
Mirando el calendario me doy cuenta que entro en la semana premenstrual y empiezo a entender todo este post. Lo peor es que no me relaja nada de nada haberme dado cuenta de ello. Porque acabo de darme cuenta también que se oyen perfectamente los putos ruidos de las máquinas que están haciendo el túnel de la M-30 que va a dar al traste con la casa de mi hermana en pocas semanas. Seguiré intentando convencerla de que la realización de una Fiesta Destroyer sería todo un reclamo para un montón de amigos crispados. O para mí misma en un día como hoy, vamos. "Aquí tiene usted una maceta y un cortafríos, y puede usted derribar el muro que quiera mientras se toma este delicioso cubata". A mí me parece una idea genial, pero a ella no, está la pobre muy sensibilizada con la cosa de perder su casa. Igual si cambio la maceta y el cortafríos por un spray para hacer graffitis en los muros, consigo convencerla. Pero lo veo difícil. Joder, con lo que debe relajar darle una buena hostia a un muro y tirarlo abajo. Como lo de romper cristales. ¿No conoces a nadie que disfrute tirando los cristales al contenedor de vidrio? Porque yo los tiro con saña contenida, para que se revienten bien y se hagan mil pedazos. De siempre me hubiera gustado tener una buena discusión, de esas de tirar platos y vasos y tazas contra la pared (claro que gracias a no haberla tenido, disfruto de platos y vasos y tazas ahora)...
Bueno, que me voy a la cama, que creo que no se me ocurre ninguna payasada atacada más por hoy, que creo que ya he tenido bastante. Como ves, una gozada de martes.
PD. Pero no me olvido de decirte que te quiero, gato, no me olvido.
